viernes, 13 de mayo de 2016

RIVASROCK 2015 (o el pecado de la inocencia)

Texto realizado para la asignatura de Escritura para los medios de comunicación, en el que narro la experiencia del que fue mi primer (y único hasta ahora) festival de música, el RIVASROCK, aprovechando que este fin de semana se cumple justo un año desde que tuvo lugar.
Aquí muestro el texto original, ya que posteriormente tuve que recortarlo para no traspasar el límite de extensión fijado por el profesor.





RIVASROCK 2015 (o el pecado de la inocencia)


Allí estábamos Elías y yo, sentados en el metro de camino a Rivas Vaciamadrid con las entradas para el festival ‘Rivasrock’ en la mano. Nos esperaban trece horas seguidas de puro rock (de cuatro de la tarde a tres de la mañana del día siguiente) viendo en directo a grupos como Siniestro Total, Boikot, Reincidentes y, sobre todo, Los Suaves, en su gira de despedida (más otros cuantos que descubrimos allí como Desakato o Gritando en Silencio). De repente nos da por volver a mirar las entradas, y ¡horror!: “los menores de 18 años deberán ir acompañados de un adulto”. Empezamos a pensar en fórmulas de entrar en caso de que nos pusiesen pegas por ser menores de edad y, finalmente, decidimos hacernos amigos de algún adulto en la cola y explicarle nuestro problema; por suerte, no nos dijeron nada y entramos sin problema.

Segundo problema: quizás debimos habernos traído más dinero (y no haber gastado el poco que teníamos en las caras cervezas que vendían dentro del recinto del festival)… nuestra cena se basó en unos Gusanitos que compramos durante uno de los descansos en un supermercado cercano. El festival estaba siendo espectacular… hasta que llegó el turno de Reincidentes, penúltimo grupo, sobre las 23:00 horas. Aparte de que su concierto empezó bastante más tarde de lo previsto por problemas de sonido, efectivamente, no llevábamos nada de abrigo (camiseta y pantalón cortos), y el calor infernal que habíamos sufrido en el comienzo (otra razón más para lo de las cervezas) se convirtió en un frío helador que nos dejó en una situación realmente incómoda.

Acabó Reincidentes sobre la una de la mañana, y yo traté de convencer a mi amigo de abandonar ya el festival y así poder volver en el último metro. 
Primero de todo, he de hacer un apunte: para regresar a casa, nos habíamos informado de que tan solo salían en toda la noche dos búhos hacia Madrid (fallo gordo de la organización que han subsanado para este año). 
Pero es que el último grupo era Saratoga (metal), la principal razón por la que mi amigo se había decidido a acompañarme al festival. Así que allí nos quedamos, ya con "menos" frío porque nos metimos entre todo el mogollón de gente para entrar en calor. Terminó Saratoga a las tres de la mañana, y con ellos el festival. Nos dispusimos a ir a la parada para coger el búho y… ¡PUM!, una cola como para llenar cinco autobuses. Empezamos a buscar soluciones: mis padres no estaban en Madrid, así que no les podíamos llamar (tampoco les iba a hacer mucha gracia), dinero para un taxi desde Rivas, como nos ofreció compartir una pareja, pues no llevábamos. Así que nuestra única opción era hacer noche en la puerta del metro hasta que abriesen (de 3:30 a 6 a.m.), con la misma ausencia de ropa de abrigo que antes y ya sin batería en el móvil. Por lo menos no fuimos los únicos que tuvimos que hacer noche allí, y pasamos el rato viendo como jugaba un grupo de chavales a “Si tuvieses que elegir entre hacer esto u esto otro...”

Por fin acabó todo y pudimos volver a casa. A las ocho de la mañana estaba en la cama, cuándo podía haberlo hecho cinco horas antes. No hay duda de que pecamos de novatos, pero en fin, dicen que de los errores se aprende. Y para la próxima ya tenemos aprendida la lección. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario